La
vinculación entre la actividad física y los beneficios para nuestro organismo
es cada vez objeto de mayor interés no solo por parte de los expertos, sino de
la población general interesada en mejorar su calidad de vida.
Existen numerosas evidencias científicas que reconocen el
ejercicio físico como una importante medida terapéutica, ya que mejora el
control de la tensión arterial, el perfil lipídico, la glucosa en sangre,
potencia la masa muscular y aumenta el contenido mineral óseo, entre otros
efectos, con la consiguiente mejora de la salud ósea, muscular y
cardiovascular.
Relación entre actividad física y salud óseo-muscular
La actividad física tiene la capacidad potencial en
influir sobre los huesos en riesgo de fractura por osteoporosis, así de mejorar
diversas funciones motrices relacionadas con el riesgo de caídas. Durante la
niñez y adolescencia es esencial tener actividad física para mantener en la
vida adulta una buena masa ósea. Esto es sumamente importante pues la
fragilidad ósea aumenta el riesgo de
fractura y, la desmineralización ósea es progresiva con la edad, afecta más a
los ancianos, a su vez, en la mujer posmenopáusica, cuando disminuyen los
niveles de estrógenos circulantes, aumenta aún más la desmineralización ósea
Precauciones
Aunque el ejercicio es muy benéfico, este debe adaptarse
a las condiciones físicas de cada persona, cuando el ejercicio es muy fuerte la
masa ósea y la BMD (densidad mineral ósea) son sometidas a mucha carga pueden
producir mayor riesgo de artrosis con mucho compromiso de las articulaciones.
La práctica deportiva es muy importante y no esta
exentada de riesgo por lo tanto hay que tener en cuenta las precauciones médicas.
El ejercicio practicado desde la infancia y a lo largo de
la vida nos permite tratarnos preventinamente contra la osteoporosis
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